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Nativos Digitales, etiqueta biopolítica y gripe A

Domingo, 5 de julio de 2009 danielk 8 comentarios

Me gustó el artículo de Diego Leal sobre el ser Nativo Digital (gracias Gabriela por el enlace!). Sobre todo porque va derecho a uno de los puntos neurálgicos de los modos informativos de estos tiempos:

poco a poco empecé a descubrir que no bastaba con afirmarlo para hacerlo cierto [...]

De primera mano, durante la organización de los primeros talleres EduCamp en 2007 descubrí que el asunto no era blanco y negro. Los ‘Nativos Digitales’ a los que acudimos para apoyarnos durante el evento eran usuarios básicos de algunas herramientas tecnológicas, pero no cumplían con el estereotipo correspondiente a la etiqueta. Algunos docentes tenían una destreza tecnológica mucho mayor.

Es interesante explicitar el sesgo socioeconómico que tiene la estrategia:  Nativos e Inmigrantes parece ser una manera de identificar posibles compradores, mercado cautivo y por lo tanto, una etiqueta biopolítica, no cualquier etiqueta. He tocado tangencialmente el tema hace algunas semanas, manifestando mi rechazo a permitir que estas cuestiones reacionadas con el consumo de bienes nos eclipsen los problemas de fondo que tiene la educación, cosa que tampoco se le escapa a Diego:

(Lo mismo pasa con la denominación de ‘sociedad del conocimiento’, que de fondo se refiere a un cambio económico en donde el mayor valor se encuentra en los “trabajadores del conocimiento”. La obsesión por esta expresión nos hace olvidar, rápidamente, que la mayor parte de los habitantes del planeta requieren de las mismas habilidades que hemos visto desde el inicio de nuestra historia para seguir funcionando. Cabe preguntarse si un mundo en el que todos somos “trabajadores del conocimiento” tiene sentido, o es deseable, así lo promueva X o Y persona. Lamentablemente, no suelo ver esta duda en un área tan crucial como la educación y la tecnología)

Creo que no es la única problemática con la que nos enfrentamos los educadores que queremos involucrar las TICs en los aprendizajes, pero ésta se parece bastante a la traza que tienen los estados nacionales representando a las multinacionales tecnológicas en el enfoque del desarrollo educativo: Se estimulan las apelaciones de las producciones biopolíticas y no la reflexión crítica, sabiendo (como sabe el neoliberalismo hace bastante tiempo) que cuando la generación de modos de ser ocupa toda la escena comunicativa, los productos se venden solos .

Pero necesitan desarrollar atributos pregnantes para poder identificar segmentos de interés en el mercado educativo. Ahí las etiquetas Prensky parecen tener un comportamiento similar al cócktel (virus+información emitida) de la gripe A:  muchas versiones, mucha data circulando en la que se afirma todo y lo contrario de todo y poco anclaje en las lógicas racionales, poco sustento. Con el agregado particular de que algunos colegas parecen ver a través de las paredes atributos de nativos, allí donde solamente se puede observar un segmento social con acceso privilegiado al uso de las TICs, lo cual no necesariamente connota un plusvalor direccionado hacia lo educativo.

En este sentido, siempre me ha llamado la atención esta clase magistral del máximo promotor nacional de estas etiquetas. Es probable que mis limitaciones sensoriales  me impidan ver a través de las paredes, pero lo que percibo allí es que el desafío educativo está enmascarado por la fascinación tecnológica. El speaker recorre una serie de documentos audiovisuales de divulgación tecnológica, lee fragmentos de un documento de Henry Jenkins donde se avalan sus posturas (MIT) pero no encuentro, en 50 minutos de clase magistral, una sola semilla puesta del lado de la educación.

Puede observarse que el aumento del volumen en el ruido de fondo de la audiencia,  también es un dato a considerar.

Diego Leal incluye una interesante presentación que aborda la cuestión del sustento de estas denominaciones y ayuda a desmontar los fantasmas que encierran:

[...] Mark Bullen realizó una fabulosa presentación en TLT2009, en la que presentaba un argumento muy sólido frente a los mitos y realidades que se encuentran en las etiquetas “Generación Red” y “Nativos digitales”. Llamó poderosamente mi atención, así que me ofrecí a traducirla:

View more documents from Mark Bullen.

El problema con las estrategias biopolíticas es que toda al sociedad se irradia con los mensajes que se emiten (como dice Franco Ingrassia: vas a comprar un helado y se llama “sin parar”, vas a comprar zapatillas y la publicidad dice “¿hasta dónde pensás llegar hoy?”). Inclusive los sectores económicamente marginales que no tienen acceso a los productos que se enmascaran comunicando estos estilos de vida.

En la conjunción tecnologías + educación es particularmente perverso el efecto que se produce. Allí donde las tecnologías podrían constituirse en un puente que ayudara a reducir la exclusión, el manejo promocional que se hace (desde el mercado y con el Estado a la zaga), acaba generando un obstáculo significativo y agrandando la brecha lingüística. Para el que no puede apropiarse del stylelife que se propone, la posibilidad que le queda es la de agenciarse un objeto que constituya su representación, para intentar -aunque más no sea por esa vía- mitigar el peso simbólico de la exclusión.

Luego tenemos quienes se preguntan, porqué ese pibe o aquel otro no se compran un libro en lugar de un celular. O porqué no van a la escuela en lugar de abrir puertas de taxis.  Es que este bioestilo de ser único, existoso, simpático, inteligente, atractivo, hiperconectado y sin fallas a la vista, ha arrasado (no tan casualmente), en los sectores con mayor capacidad de consumo, con el hábito de prestar atención al otro. Mirarse el ombligo parece haberse convertido en la única forma posible de ver el mundo.

En demasiados lugares necesitamos explicar de qué se trata la exclusión, que no es solamente no tener dinero en el bolsillo. Y la mayor parte de las veces, aquellas preguntas se contestan dándolas vuelta:  ¿dónde estabas vos mientras íbamos llegando a esto?

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Entre los muros, la escuela en presente continuo

Domingo, 31 de mayo de 2009 danielk 1 comentario

Escuché una vez a un guía de montaña en Mina Clavero atribuyendo la resistencia de los paisanos al cambio, a que no ven salir ni ponerse el sol. No ven el futuro ni el pasado. Solamente el hoy. Tales cosas -efectivamente- suceden siempre detrás de alguno de los cordones montañosos: las Sierras Altas ocultan el nacimiento y las Sierras Bajas la puesta de sol. En aquel relato, eso era la quietud, el tiempo detenido. Y también su propia rigidez frente a la diversidad cultural, más allá del giro poético con que estaba construida la afirmación.

Ver de otra manera es diferente de no ver.

entre los muros 3 Entre los muros, la escuela en presente continuoEsta idea del presente continuo asociado a la impermeabilidad multicultural, parece desplegarse como una escenografía más que adecuada en la pintura de la cursada en un establecimiento de nivel medio, que cuenta la película Entre los muros, del director francés Laurent Cantet (Recursos Humanos, 1999; El Empleo del Tiempo, 2001), filmada en un aula del colegio Françoise Dolto, en el barrio 20º, un populoso suburbio de París.

La obra pareciera prescindir de la postulación de alguna receta aplicable a un modelo educativo. Muestra, invita a la perplejidad, abre, expresa valiéndose de una cámara tan voraz como inquietante, algunos de los problemas estructurales del dispositivo educativo actual. No casualmente transcurre  en una escuela Dolto. Allí se ven algunas huellas inconfundibles de las enseñanzas que inspiran a estas instituciones: representación estudiantil en el espacio donde los profesores discuten las calificaciones, el trato de pares que les dispensan en ese ámbito a las delegadas estudiantiles, un modo de construcción no represivo de la relación entre adultos y jóvenes, el tribunal de disciplina con participación extra institucional, un funcionamiento más democrático en general.

[...] el realizador francés se mete con la educación. Habiendo impartido un taller de arte dramático en el Instituto Françoise Dolto, de la periferia de París, conoció a François Bégaudeau, profesor de francés, que alcanzó el éxito con la publicación de su novela Entre les murs. La película, que se rodó en ese mismo instituto, está basada en su novela homónima y narra las difíciles relaciones en un colegio multirracial y en conflicto con la sociedad que lo rodea. El profesor protagonista de la película, François (el profesor en la vida real, aquí también como guionista y actor principal), intenta instaurar una relación igualitaria con los alumnos, pero debe lidiar no solamente con cuestiones ligadas a los contenidos conceptuales, sino principalmente, con los conflictos actitudinales y contestatarios de su impetuoso alumnado. (halbert en Mi cine)

Casi con meticulosidad quirúrgica, el relato construye cada uno de los estereotipos que habitan el aula de una escuela media. Tanto que no pude en ningún momento sustraerme a la experiencia de evocación que me hacía remitir lo que se proyectaba a la propia historia vivida en el IPEM 344 de Villa Cura Brochero.

La narración aborda la escuela de hoy. Un espacio que necesita ser repensado, sin suponer a priori que hay profesores porque son adultos ni que hay alumnos porque son jóvenes, ni que se educa porque se despliegan actividades curriculares.

La cámara no es complaciente. Nos invita a ver la clase como un espacio de pugna, de constante fricción, mejor o peor canalizada. Los alumnos expresan su rechazo a lo que entienden como simples ejercicios jerárquicos o poco comprensibles, piden constantes explicaciones o simplemente dejan pasar el tiempo, buscando pequeñas alternativas a su encierro. La tan cacareada diversidad (étnica, cultural, familiar, de vestimenta o de momento vital) explota ante nuestros ojos y exige constantes esfuerzos de comprensión, reconocimiento y gestión por parte del profesor. (Joan Subirats, en El País)

Creo que se trata de un material muy adecuado para abrir este debate y, tengo entendido que ya se ha estado implementando en muchos establecimientos.

entrelosmuros5 Entre los muros, la escuela en presente continuoLo que la obra muestra con más claridad, es que la escuela no sabe qué hacer con la multiculturalidad. No entiende de qué se trata (me avergüenza comer delante de la madre de mi amigo porque es alguien a quien respeto, tú no lo entenderías). En este tópico, el relato machaca una y otra vez con ejemplos que, por su proximidad con la vivencia real, hacen que sea difícil mantener las situaciones en el plano ficcional y eso va construyendo un sustrato de angustia en la experiencia del ser espectador familiarizado con el tema.  Al menos ha sido así para mí y, a juzgar por lo que se oye en los corrillos…

Aquí la escuela se muestra sostenida en un presente continuo, como no pudiendo dar cuenta de las dramáticas transformaciones que se han operado más allá de sus muros. Nuestra escuela (como la de Villa Cura Brochero) no ha podido registrar que las transformaciones estructurales del capitalismo regional de las últimas décadas han configurado un país significativamente más dependiente de los grandes grupos económicos concentrados y que las políticas aplicadas han generado mucha mayor exclusión y cambiado la calidad de la pobreza. La escuela de los suburbios de París que, a diferencia de la nuestra, está enclavada en una metrópolis, tampoco ha registrado este dato ni el de la globalización, lo que no impide que las aulas se les llenen de alumnos pobres, que antes fueron invisibles para su mirada porque estaban en las colonias.

Pero esta escuela no solamente no entiende la multiculturalidad, sino que apuesta (¿garantiza?) a la formación de un sujeto educativo funcional para el sistema. Un ser ciudadano en ausencia. Desinvestido de los derechos que solamente se declaman en programas y manifiestos electorales pero jamás se construyen. Atravesado por un discurso que lo culpabiliza por cuantos males azotan el tejido social: Las empresas mejoran cuando los suyos quedan en la calle, la seguridad aumenta cuando ellos van más temprano a la cárcel, el bienestar de los otros se consolida si ellos no reclaman… Que aprende a canalizar su bronca de excluido contra el docente y contra si mismo, pero nunca contra los verdaderos responsables de su calvario.

Esta escuela lo con-forma para que viva también en presente continuo, para que no pueda relacionar que lo que falta en su plato de todos los días sobra en la cuenta bancaria de algún prominente funcionario o empresario exitoso. Gran parte de ese trabajo sucio lo hace (a sabiendas o no) un docente que se expone cuarenta horas semanales frente al aula, que cada vez tiene más responsabilidades y menos reconocimiento económico y social: él también es culpabilizado permanentemente por el fracaso escolar, por la pérdida de horas de clase, por el vaciamiento de la experiencia educativa para los alumnos. La película muestra eso con una crudeza descarnada y también se abstiene de emitir juicios de valor:

entre los muros 0 300x222 Entre los muros, la escuela en presente continuoSe lo ve a François, el profesor que comanda la clase donde se despliega la mayor parte de la trama, envuelto permanentemente en discusiones acerca del funcionamiento (si la hora de clase es realmente una hora o son 55 minutos, si perdemos el tiempo cuando entramos, que alguien se quite la capucha o la gorra, que levante la mano para hablar o que escriban sus nombres, que lean cuando se los pide.. ) o lidiando con los hiatos lingüísticos y culturales (¿qué quiere decir lo de la mosca detrás de la oreja?, ¿cómo distingo una forma oral de una escrita?, ¿qué quiere decir intuición?) que se acentúan con las diferencias idiomáticas.

Pero también  muestra el aspecto más oscuro de estos profesores, presentados inicialmente como gente agradable, con buen sentido del humor y preocupados por su función: son personas que no pueden evitar usar su lugar de poder cuando se ven involucrados en discusiones dentro de la clase, que no pueden evitar responder en espejo frente a las demandas agresivas de los adolescentes y que pierden, en ese punto, su lugar de adultos…

Discutiendo sobre si explicar o no la palabra austríaco, argumentando a favor de explicarlo, François se permite un: siempre hay algún imbécil… que Esmeralda no le deja pasar: lo serás tú…, contraataca.

En otro momento, cuando la fricción aumenta, el exabrupto es un poco más grave y desencadena una serie de hechos de violencia física.  Esta vez el profesor, que ha perdido de vista su lugar como tal, como adulto y como ciudadano, termina haciendo una canallada silenciosa. Aun conociendo las consecuencias que eso tendrá en la vida del adolescente, elige refugiarse en los pliegues de la institución y consentir la decisión institucional de hacer que pague solamente el alumno.

La maquinaria se lo ha fagocitado. Su ser víctima no impide su hacer victimario. Cumple exactamente con lo que el dispositivo prescribe para su función.  El eslabón se rompe -una vez más- sobre el cielo del más débil: los pibes siempre pagan.

Una de las ideas más interesantes que planteaba Françoise Doltó era la posibilidad de desmarcarse, de correrse de los modelos establecidos y mirar de otra manera la problemática escolar, haciendo foco en los alumnos y no en la institución. Algo de esto desgrana en un capítulo de La causa de los niños que se llama precisamente:  La escuela a toda hora hora y a la carta.

Posiblemente Entre los muros sea una enorme interpretación del pensamiento de Dolto, en ese sentido: en lugar de contar una historia sobre la exclusión, los jóvenes y las escuelas, valiosa en si misma por lo que expone, por lo que devela de ese presente, han elegido contar la historia con los jóvenes excluídos y dentro de la propia institución, sin por ello dejar de exponer los aspectos más dolorosos y controversiales de la problemática que hoy se cierne sobre este espacio. Han puesto a los actores sociales a representar su propio drama, abriendo con ello la posibilidad de mirar y mirarse desde otra perspectiva.  Aunque la película no emite juicio explícito acerca de lo que muestra, ni toma partido respecto al sostenimiento de ninguna estrategia educativa, el recurso de hacerla con los propios actores sociales constituye no solamente un gesto de inclusión con alguna capacidad reparatoria y de cambio, sino una reafirmación de aquella premisa que sostenía Françoise Doltó respecto a no sacar el foco de los más débiles, mientras los ayudamos a educarse.

Carnet

Francia, 2008
Dirección: Laurent Cantet
Guión : Laurent Cantet, Robin Campillo, François Bégaudeau.
Interpretación: François Bégaudeau, Nassim Amrabt, Laura Baquela.
Género: Drama
Duración : 128 minutos
Fuente:
Cinecritic

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¿Cuándo sabes que sabes?

Viernes, 26 de septiembre de 2008 danielk 7 comentarios

Este video, encontrado por uno de los miembros de la Tribu Virtual, me interroga sobre la pregunta del título: ¿se puede dibujar así sin prefigurar antes exactamente lo que se va a hacer?. Lo de la exactitud viene a cuento porque hay un par de momentos donde la artista denota que ve la imagen organizada a partir de un eje de simetría y ejecuta así, dibuja como ambidiestra. Como si descorriera el velo que oculta una imagen que ella sabe, está detrás.

El manejo que tiene del campo del cuadro tiene que ver con eso. Puede apropiarse de él cartesianamente, pero también en capas de profundidad, porque sabe acerca de lo que va a hacer. De ese saber proviene la técnica que le permite intervenir limpiamente sobre un material tan susceptible como el polvo. Pero también la construcción de la técnica le ha aportado conocimiento acerca del objeto de su arte. Aquello de que la repetición es la madre de la habilidad. Y no hay pasaje a la ejecución (y mucho menos a la repetición sistemática) si no se ha instalado previamente en el sujeto la creencia de que aquello es un objetivo alcanzable. Y vuelta a la prefiguración, a las representaciones.

En medio de la deslumbrante irrupción de la tecnología en nuestra cultura, escuchamos hablar a menudo de la brecha digital o de nativos e inmigrantes digitales y se nos escapa a veces que la verdadera brecha que se está produciendo es lingüística y tiene que ver con la progresiva incapacidad que vamos consiguiendo como sociedad para construir representaciones en cualquiera de sus variantes: prefiguraciones, proyectos, sueños, objetivos.

No enseñamos a soñar, preparamos a nuestros pibes para que vayan a emplearse. Eso, pareciera que les decimos, se parece bastante a la felicidad. Acometer las andanzas que nos pongan en el camino de perseguir nuestros sueños lo vemos como algo demasiado complicado. Para otros. También les transmitimos ese peso a nuestros hijos.

La larga mano del mercado se ha metido de tal manera en nuestras vidas que solamente queremos ser servidos. Casualmente eso es lo que espera el mercado de los consumidores. No importa si saben que saben o no. Lo importante es que deseen tener, y crean que con eso alcanza.

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Leen?

Miércoles, 2 de abril de 2008 danielk Sin comentarios

El discurso de Cristina llegó al paroxismo cuando les pidió, también a los medios, que “no diferencien entre los colores de piel” y que no dividan a los argentinos. Todo es tan vertiginoso que me perdí la parte en la que D’Elía estudió periodismo. Jorge Lanata en Crítica Digital de hoy

Si no fuera porque retrata una realidad trágica, el artículo citado sería hilarante. La realidad primero sucede como tragedia y luego como farsa, decía Marx.

Lo cierto es que en pocos días la presidenta equivocó la ubicación de la laguna La Picasa, se refirió a la soja como un yuyo, exhibiendo un gran desconocimiento del tema, y aludió a un lock-out patronal que habría sucedido poco antes del golpe del 24 de marzo de 1976, confundiéndolo probablemente con el de los camioneros de Chile, que abrieron paso al golpe de Pinochet en 1973.

Me pregunto si nuestros dirigentes leen alguna otra cosa más allá de los diarios. Probablemente no. Entonces ¿cómo hacen para manejarse en la llamada Sociedad de la Información? ¿Cómo aprenden? ¿En base a qué universo de datos toman decisiones y declaman hacerlo en nombre del bien común? ¿Cómo saben que tienen la mejor información…? Pruebas al canto. ¿Todo se le puede permitir a la política? Este gobierno no es la Nación Argentina y tampoco fue votado por la mayoría. Ganó en el conurbano bonaerense y perdió en las grandes capitales. Eso expresaba el acto de ayer ¿o no tenemos derecho a pensar que semejante despliegue se financió con el dinero de todos? Tampoco es cierto que lleva cien días… El gran elector de esta presidenta fue su marido.

Al margen de esta puja que cada vez más se parece a una compleja disputa entre la Capital y el Interior, lo que parecen no advertir nuestros dirigentes es que el mensaje que queda para la sociedad es la reivindicación del todo vale, de la rosca, de los atajos, del maquiavélico principio de que el fin justifica los medios.

Contra ese discurso luchamos los educadores en las escuelas. Ellos están ahí y hacen lo que hacen y la pasan como la pasan ¿en nombre de qué valores deberían nuestros pibes aceptar hacer algo distinto a lo que les ven hacer?

Lo que haces, dice el proverbio, grita tan fuerte que lo que dices no se oye.

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Escritura, imagen y materiales didácticos digitales

Martes, 5 de febrero de 2008 danielk Sin comentarios

ese Escritura, imagen y materiales didácticos digitales

 

[...] Ahora bien, con respecto a la lectura de imágenes no puede enseñarse del mismo modo que la lectoescritura, ya que el lenguaje de las imágenes no es un lenguaje como el alfabeto en el cual cada signo implica un sonido. Las imágenes son simbólicas, sí, pero como todo símbolo dependen en gran medida del contexto que lo produce y que lo recibe. Un elemento importante es entender que las imágenes transmiten sus mensajes de un modo y que las palabras de otro, no es traducible, no es reductible, lo mismo que dice una imagen no puede ser dicho en un texto, y ese agregado tiene que ver con lo visual. Pero también pueden comprenderse algunos elementos visuales básicos, formales, lo que no garantiza que se puedan aprehender los sentidos más profundos de una imagen.
Sandra Szir, Infancia y cultura

La imagen permite transmitir más cantidad de información por unidad de tiempo. Este hecho pareciera tener relación directa con la aceleración que se promueve desde la sociedad de consumo. La proliferación de las medicinas alternativas en oposición a los tratamientos largos y trabajosos, la obtención de títulos y lugares de reconocimiento utilizando atajos, la publicidad sobre la consecución de éxito sin esfuerzo, transmiten un mensaje que resulta mucho más potente que el de la escuela y opera vaciando de sentido el paso de los pibes por las aulas: ¿para qué sirve aprender?

Desde mi punto de vista, acometer la generación de materiales didácticos digitales no es tanto un problema tecnológico como conceptual.

La pura imagen mostrando, remite a las imágenes interiores del sujeto. En ese sentido define menos que la palabra. Pero la palabra también es un significante polisémico que define su decir funcionando dentro de una cadena de significantes: un significante es objeto de otro significante y así sucesivamente.

Sin embargo, no habría que pensar la cuestión como una dicotomía o en términos de una oposición irreconciliable, sino como un complemento. La lectura visual suma a la lectura lineal y, combinada con ella, nos permite el acceso a una percepción superior, de una calidad diferente. Articuladas por una buena propuesta de diseño ese constructo puede disparar nuevos significantes que no estaban implicados en uno ni en otro código. En ese caso lo que tenemos es un funcionamiento acoplado de uno y otro tipo de lectura.

Este mismo curso apoya su riqueza en una multidimensionalidad que no está dada tanto por la presencia de imágenes sino por la fragmentación del relato que impone la hipertextualidad, que es otra manera de darle volumen a la lectura lineal. Si pensamos que un libro se lee linealmente, digamos pasando las páginas en el mismo plano, la hipertextualidad le agrega una tercera dimensión, que es la profundidad. También aquí, desde el punto de vista operativo, leemos siempre texto.

Por esa razón la lectura del código imagen no reemplaza a la del código escrito sino que la complementa.

Podría pensarse que la imagen, adquiere su mayor potencia comunicativa recortada en su significación por un texto, cuando éste la incluye en su secuenciación temporal.

Aquello de Nelly Schnaith: una imagen vale por mil palabras, siempre y cuando esas mil palabras estén contenidas dentro de la imagen.

Lo cierto es que, por encima de la utilización de materiales didácticos digitales necesitamos poner atención y trabajo en la interioridad de los pibes. La distancia lingüística y cultural, así como la distancia simbólica que tenemos con ellos son los principales obstáculos que enfrentamos. Mucho más difíciles de sortear que los que impone la llamada brecha digital.

La imagen propone una relación con la dimensión tiempo que es imaginaria, no real. Habla de un suceso (con lo cual alude a un recorrido en el tiempo), pero es estática. Está quieta. Es como un fotograma de una película (una partícula constitutiva de algo). Podríamos decir que, como el tiempo es una condición necesaria de la existencia, la imagen habla de un tiempo que no existe o se refiere a un no ser en el tiempo. Esto no debe confundirse con la existencia real del soporte sobre el que está escrita dicha imagen. Sin embargo, este espacio-tiempo imaginario que despliega, siempre es terreno fértil para lo lúdico.

La pregunta pertinente sería ¿jugar a qué? Creo que eso depende de los contextos y de los alumnos. En la experiencia del CICE cuando abríamos el laboratorio de informática los sábados, había pibes de segundo año que se pasaban toda la mañana jugando con el Trampolín (un CD interactivo para chicos de 4 hasta 6 años).

Cuando jugábamos a armar los rompecabezas hechos con cuadros de Berni del CD de Educ.ar, nunca pude conseguir que se interesaran por revisar algún otro contenido del CD. Algunos ni siquiera tenían registro de que se trataba de la obra de un pintor.

¿Cómo pensar este tema al margen del contexto concreto de una escuela?

Imagen: S

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