Del camello a Internet

Así­ se llama el excelente artí­culo (por el enfoque y por la pluma) de Roberto Hernández Montoya, al que accedí­ gracias al post que Emili Gené publicó en su blog despuesdegoogle.

[…] Comercio aseguró inseminación artificial entre pueblos distantes. Los ingleses conocieron alfombras persas y los persas whisky. Así­ conocimos chocolate y lana, espaguetis y papel. Pólvora. Las rutas de camelleros enriquecieron al Yemen del Sur, que hoy está abandonado del mundo porque los camelleros encontraron otros rumbos y porque, además, hoy ya ser camellero no enriquece a nadie. Hogaño la riqueza tiene otras escalas. Entre un camellero opulento y Bill Gates hay de por medio varios órdenes de magnitud […]

[…] Internet, pues, no hace sino llevar a sus últimas consecuencias el oficio del viejo camellero. Y como en el comercio tradicional, el primero que la agarre es de él. Si no lo hacen las disqueras actuales lo harán las que van a nacer y tal vez sustituir. En el comercio es como en el deporte: si no la haces te la hacen.

 

 

 

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