Cookies en Comechingonia

Publicado originalmente en la desaparecida revista en.red.ando.com de Barcelona, el 24 de diciembre de 2002.

Traslasierra

El centro geográfico del Mercosur coincide prácticamente con la Provincia de Córdoba, en la Argentina. Sobre el noroeste cordobés, la barrera orográfica de las Sierras Grandes, separa una esquina del resto del territorio, dejándola casi más conectada con las provincias vecinas que con la propia Córdoba. Hacia el sur oeste de esa esquina, del sistema de las Sierras de Achala, se desprende un cordón secundario, al que se lo conoce como de las Sierras Bajas. Entre ambas formaciones se despliega el territorio mágico del Valle de Traslasierra. Al sur, sobre el faldeo occidental de las montañas, tras la sierra también está el Valle del Conlara, en la provincia de San Luis, cuya punta noreste, encajada en el costado cordobés, parece subrayar que nuestro valle pudo no haber sido parte de Córdoba. Cuentan las malas lenguas que tanto es así­ que en una época se lo disputaron en una partida de truco entre los gobernadores de ambas provincias, y solamente por esa razón pertenece al territorio cordobés.

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Fuente: TraslasierraMix

La zona tiene una altura promedio de unos 1000 metros sobre el nivel del mar y su balcón más alto es el Cerro Champaquí­, sobre las Sierras Grandes, con algo más de 2880 metros de altura. Traslasierra es el más lindo de los tres valles que generan las Sierras Centrales cordobesas (al norte, el de Punilla y al sur, el de Calamuchita), es el más alto y el menos húmedo, pero el más atrasado en cuanto a la inversión y el desarrollo turí­stico. El Valle de Punilla está ligado geográficamente a la capital cordobesa y el de Calamuchita fue colonizado por inmigrantes europeos, en su gran mayorí­a alemanes.

Una de las características notables del clima es la abundancia de oxígeno que, —dicen— en contacto con ciertos minerales, más condiciones adecuadas de presión y temperatura generan ozono, conformando uno de los tres microclimas más importantes del planeta, que compartimos con nuestros vecinos del Conlara. Del lado de aquella provincia hay más marketing turí­stico al respecto, más infraestructura urbana y bastante menos agua en el ecosistema. En ambos valles el clima es seco y soleado. En invierno suele nevar en las altas cumbres y en el verano las temperaturas llegan a veces hasta más allá de los 40 ºC, que se soportan perfectamente bajo la sombra de un molle, un aromo o un sauce criollo.

En un dí­a diáfano, la visibilidad normal es de 25 kilómetros y el sol brilla más de 300 dí­as por año. Por las tardes, durante unos pocos minutos, cuando el sol comienza a ponerse detrás de las Sierras Bajas, las Sierras Grandes se pintan de azules, rosados y violetas. El paisaje y la presencia de la historia precolombina tienen aquí­ un protagonismo imposible de encamisar con palabras.

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Vista del Valle desde las Sierras Altas. Al fondo, tenuemente se ven las Sierras Bajas. La arborescencia que se ve en primer plano es un arbusto al que la gente del lugar le llama pichana y les dan tres usos básicos: cuando no está en flor, por sobrecocción le extraen de sus hojas un pigmento amarillo que usan para teñir la lana con la que tejen en los telares. Las raíces secas son muy duras y al quemarlas alcanzan una temperatura de hasta 1200ºC, por lo que se las usa como leña para alimentar los hornos de cerámica. Finalmente, atando manojos de hojas en un palo, se arman escobas barrehojas, a las que les llaman escobas de pichana. Fuente foto: TraslasierraMix.

Las Sierras Centrales (que atraviesan longitudinalmente la provincia de Córdoba) estuvieron habitadas con seguridad, desde el 8000 a.C. Aníbal Montes, precursor de la investigación paleontológica en Córdoba, encontró instrumentos asociados a la mega fauna del pleistoceno, a los grandes mamí­feros que vivieron hacia fines de aquella época en las Sierras Centrales y la Patagonia.

En nuestra región habitaron los Comechingones, aproximadamente desde el año 100 a.C., hasta casi promediando el siglo XIX. Es famosa una carta del Cura José Gabriel Brochero al cacique Yavier Charras , nombrándolo como el último rebelde, porque no aceptaba pasar a llamarse López o Pedernera para ser bautizado y poder gozar de los beneficios de ser civilizado.

Según el documento más antiguo que se conserva en el Archivo Histórico de Córdoba, en 1575, el capitán Hernán Mejías de Miraval relata un encuentro con hombres altos, morenos, barbados, egual que los crestianos. Otros materiales los muestran como poseedores de una rebeldía que parecen haber heredado muchos de los cordobeses que protagonizaron puebladas y levantamientos como el cordobazo, el vivorazo y algunas otras batallas contra opresores de diversa calaña.

Hasta aquí­ llegaba el Camino Real del Imperio Incaico. La localidad de Panaholma (en el norte del Valle de Traslasierra) fue la capital de una provincia de aquel imperio. El alzamiento de Tupac-Amaru en 1780, fue un temblor cuya onda expansiva llegó hasta estas tierras. Tanto es así­ que los hijos de aquellos rebeldes, fueron quienes 30 años más tarde, en 1810, empujaron la Revolución que estalló en Buenos Aires contra el gobierno español.

El llamado Camino de La Costa (referido al costado de las sierras), une la parte Sur del Valle de Traslasierra con la localidad de Merlo en el Valle del Conlara. Hoy es maravilloso recorrerlo, pero sobrecoge saber que por ese camino escapó el Virrey Rafael de Sobremonte hacia su refugio final en la ciudad de Córdoba tras la invasión inglesa de 1806.

Mina Clavero

Es el punto más cosmopolita de Traslasierra. Tiene una población estable de unas 7.400 personas y casi tres plazas por habitante destinadas a alojar a los visitantes. Durante los cuarenta dí­as que dura prácticamente la temporada alta, pasan por aquí­ 120 mil almas.

cuadrado.jpgRemanso del Cuadrado se encuentra muy cerca del filo de las Sierras Altas y es donde se empieza a formar el Rí­o Mina Clavero.  Fuente foto: TraslasierraMix.

En el medio del pueblo se juntan dos ríos, uno de montaña de aguas heladas (Mina Clavero) y otro de aguas mesotermales (Panaholma) enuna zona que se llama Los Cajones debido a que su formación geomorfa es un profundo cañadón. Allí se origina un rí­o de llanura (Los Sauces) que va a embalsarse en el Dique La Viña, uno de los más antiguos de Sudamérica, en lo que sería algo así­ como la puerta sur del valle.

Traslasierra siempre estuvo lejos. Fue un sitio paradisí­aco y suficientemente aislado como para mantener a salvo de indiscreciones las tropelías de muchas de las más encumbradas personalidades de nuestra historia oficial. Antes lo fue para los conquistadores españoles.

El Cura Brochero, personaje paradigmático de la historia local, tuvo más dificultades luchando contra el olvido de los gobiernos y las autoridades de su iglesia —que hoy tramitan su canonización— que catequizando a los paisanos. Trabajaba de redentor de almas en una tierra de rebeldes que también supo dar cobijo a cuanto marginal quisiera salirse de la escena pública. Murió ciego a causa de la lepra. Su propia gente se negaba a pasar frente a la puerta de su casa por temor al contagio. Muchos de sus escritos y apuntes fueron quemados con muebles y pertenencias para espantar a la peste. Incluso terminaron en la hoguera algunas pruebas documentales que hubieran servido para acelerar el trámite de su santificación.

El hombre nativo de estas tierras —dice cierta interpretación popular— vive como si el tiempo estuviera detenido. Metido entre montañas, no ve el poniente y tampoco el naciente. El pasado se esconde tras las montañas y el futuro es un enigma que sucede también detrás de esas piedras enormes. Efectivamente, si no ha salido de la zona, no sabe de amaneceres ni de puestas de sol.

Esta tierra se hizo famosa a fuerza de ser visitada por personajes ilustres: Ramón J. Cárcano, Miguel Juárez Celman, Julio A. Roca, Joaquí­n V. González, Belisario Roldán, Monseñor D’Andrea, el Cardenal Copello, Berta Singerman, Arturo Capdevila, Gustavo Martí­nez Zuviría (Hugo Wast), Leopoldo Lugones, Estanislao Zeballos, Elpidio González, el Perito Moreno… Toda gente muy bien.

El serrano —para algunos estudiosos producto del mestizaje entre comechingones y españole— aprendió a recibirlos y a atenderlos, porque entendió que eran su fuente de trabajo, pero tengo razones para sospechar que nunca se confunde. Aun cuando en el total de la población estable de Mina Clavero, hoy por cada serrano nativo debe haber dos adoptivos. Mi vecino, que tiene hijos de la edad del menor de los mí­os (8 años) y que comparten no menos de cuatro horas diarias de juego, en su casa, en la calle o en la nuestra, no pierde la oportunidad de decirle a Julián: Nosotros a los porteños no los queremos. Por su porte, sus rasgos y su apellido, los ancestros del hombre lo llevan directamente hasta aquel cacique al que el Cura Brochero dirigió su carta al último rebelde.

Páginas sin libros. Libros sin bibliotecas

Los comechingones dejaron pocas cosas. De su lengua han quedado solamente algunas palabras. Cosa curiosa, sobre todo si se piensa que fueron cazadores recolectores con producción de cerámica. Esto es, que su nivel de desarrollo cultural fue importante. Su mismo nombre es controversial. Ellos fueron nombrados comechingones para diferenciarlos sus vecinos, los sanavirones, pero parece que no era así como se llamaban a si mismos. Sin embargo, no sería exacto decir que desaparecieron llevándose todo. Lo que dejaron está muy a flor de tierra. Está en la gente, en las tradiciones orales, en las comidas, en páginas sueltas de una historia mayor que no se deja apropiar con facilidad, pero que muestra evidencias, rastros, signos en todas las cosas.

Aquí­ es posible señalar una similitud respecto de lo que sucede con la información en la Web. Quizás uno de los aspectos más inquietantes que plantea la sociedad científico tecnológica no sea en conocimiento en si mismo sino la espectacular ruptura del orden tradicional respecto de la captura y apropiación del mismo. En la Web el conocimiento aparece sin estructuras. Sustancia pura. Como con el relato histórico de Comechingonia, se puede uno apropiar de él fragmentariamente, adivinando que el resto del rompecabezas existe ahí­ mismo, pero la tarea más importante sigue siendo el encontrar la forma de hacerlo.

Dicho en otros términos, la apropiación de conocimiento así­ ofrecido requiere aprender a pensar distinto para poder abordarlo. Necesitamos saber de antemano cuál será el libro que construiremos a partir de aquellas páginas sueltas. Puestos a proyectar hacia adelante, necesitaremos capacitar de otra manera a los capacitadores. Incluir otras destrezas en el aprendizaje y no solamente la de saber exponernos a la enseñanza. Necesitaremos —por ejemplo— considerar qué nos puede aportar el área de liderazgo en todo este proceso, aprender acerca de cómo cada uno de nosotros aprende mejor o cómo conectarse con otro y construir canales de intercambio eficaces. Aprender a preguntar y a formularnos preguntas. Probablemente veremos cambiar el rol del maestro y los procesos de apropiación de contenidos vayan ganando un hacer profundamente interactivo y multidisciplinario. Acaso —como proponí­a Francoise Dolto marchemos hacia un sistema educativo donde quienes aprenden están agrupados por intereses y no por edades cronológicas.

Con esta orientación estamos trabajando para promover las Tecnologí­as de la Información y la Comunicación (TIC) en esta zona de páginas de historia sin libros. El enfoque está puesto en movilizar los activos culturales de cada uno y ayudarlo a relacionarse con Internet, desde la perspectiva del pensamiento y la demanda propia y no de la tecnologí­a desnuda.

Cuando el foco del abordaje estuvo puesto en el desarrollo tecnológico, chocamos contra una enorme barrera cultural. Debo decir que me tomó bastante tiempo comprender cómo eso se expresaba en la práctica de campo.

La máquina del tiempo desafina

El episodio más lejano que puedo reconstruir vino de la mano de la casualidad, como suele suceder. Buenos Aires ardí­a de fervor por la web y yo bregaba por conformar un grupo interdisciplinario que pudiera afrontar el desafí­o de la hora: proyecto, business plan, inversores, Nasdaq y de ahí­ a la eternidad. Era 1998, al final. Fui a mostrarle una idea a alguien y esa persona me conectó con otra que andaba a la pesca de una buena idea. Yo estaba convencido de que eso era lo que tenía y él que podía transformarla en un buen negocio. Aunque hicieron falta tres años para que me diera cuenta de qué fue lo que me atrajo, lo cierto es que algo de aquel discurso me pareció brillante.

El hombre vivía en Los Ángeles desde hací­a mucho tiempo. Era ingeniero industrial. Se habí­a formado junto a la cúpula directiva de una empresa tradicional argentina y había terminado asesorando proyectos de inversión de diferente envergadura en EUA y Latinoamérica. Aquellos eran años gloriosos para la Web. Desarrollos tecnológicos huracanados, megafusiones compras y reconcentraciones, los casual’s Friday de Mr. Gates, el pensamiento tecnológico, el PBI americano que no paraba de trepar por la autopista informática, etc. El ingeniero decidió subirse a la máquina del tiempo. Razonó: todo lo que está sucediendo aquí­ —¿qué duda cabe?— habrá de suceder allá. Y se vino para la Argentina a buscar un gran proyecto de Internet que pudiera sacarlo de su lugar de asesor y convertirlo en exitoso entrepreneur. ¿Quién dijo que no se puede viajar en el tiempo?

Yo no me di cuenta del fallo de este razonamiento, hasta que lo repetí­ en otra escala, en otro contexto, tres años más tarde. Imagino que sucede a muchos de quienes hemos vivido y crecido profesionalmente en una gran metrópolis: cuando volvemos al interior, solemos no darnos cuenta de que la máquina del tiempo desafina. Especulamos: la gran ciudad está más desarrollada, esto ya lo conozco y sé lo que va a suceder… Casi hasta creemos poder adivinar el futuro. Y nos lanzamos… casi siempre a la catástrofe. Porque pocas veces reparamos en la gente, aun cuando esta consideración figura siempre en el discurso.

TIC en Traslasierra

La primera vez que hablamos de las TIC en Mina Clavero, fue a los pocos días de nuestra llegada y los interlocutores fueron dos de los socios del grupo que se ocupaba de proveer acceso a Internet. Habí­an armado, además, un portal y administraban unas 120 cuentas de correo electrónico: Aquí­ no funciona. Estamos decepcionados. Palabras más o menos, esa fue la respuesta. La Argentina estaba todaví­a por llegar al invierno de 2001 ¿Cómo que no funciona? Este lugar está lejos, el Valle es muy extenso… —No, lo que no funciona es el comercio electrónico. La gente prefiere gastar 400 pesos de teléfono y no pagar 24 de acceso a Internet… Nosotros tenemos todo esto en piloto automático desde hace 2 años… (En aquel momento estaban pagando unos mil dólares mensuales por una bajada satelital, para abastecer a Mina Clavero y a algunas poblaciones vecinas. Un universo estable de algo más de 15 mil almas). Yo, lleno de planes y ellos de bronca y de preguntas silenciosas. Así­ empezamos.

En aquella Argentina, con crisis y todo, el trueque crecía y se extendí­a como reguero de pólvora. A Mina Clavero llegamos juntos. El primer club se llamó Nodo Traslasierra Norte y estaba motorizado por un ex-intendente local. No tardó en convertirse en un club masivo. Algunas veces era necesario hacer hasta dos horas de cola a la intemperie para ingresar. Entonces, di el segundo paso en falso. Propuse a la Comisión de Coordinadores que informatizáramos el nodo. La idea no les pareció bien ni mal, pero me pidieron que me ocupara. Para ese fin de año estaba planificado el Segundo Global CN que iba a desarrollarse en Buenos Aires. Llamé por teléfono a Susana Finquelievich, le conté mi propuesta y le pedí­ si podí­a venir a dar una charla sobre el tema Redes Urbanas Informatizadas, a lo que accedió de buena gana. La idea era patrocinar la charla y obtener ingresos como para comprar un par de computadoras, un lector óptico y algo de software, informatizar todos los trámites de acceso a la feria semanal del Club del Trueque, armar una buena base de datos y empezar a capacitar en forma gratuita a los socios, tanto en el uso de las TIC como en las ventajas del uso de Internet. El proveedor nos daba acceso gratuito para ello.

Generamos una publicación, de la que aparecieron solamente tres números, destinada a promover el evento y las ventajas de capacitarse, armamos encuestas entre la gente, tratando de descubrir si realmente estarían interesados en la propuesta y hasta se lo planteamos públicamente al ingeniero Enrique Martí­nez, entonces Secretario de la Pequeña y Mediana Empresa del Ministerio de Economía de la Nación, cuando vino a Mina Clavero. No solamente comprometió su apoyo sino que a los 15 días mandó a un emisario especialmente a escucharnos, no sin antes aclararnos que la Secretarí­a a su cargo disponí­a de un programa de fondos para pagar a los capacitadores y que para acceder a ellos solamente debí­a completarse un formulario con la requisitoria y remitirlo… Para decirlo brevemente: el proyecto ni siquiera llegó a culminar la fase propagandística. Nunca pude reunirme con el emisario en cuestión, nunca pude conseguir que me mostraran alguna de esas planillas para pedir los fondos. Desde el Gobierno Municipal acabaron diciéndome que cuando me necesitaran sabrían dónde ubicarme y desde la Comisión de Coordinadores algo parecido. Los hechos se encargaron de poner palabras donde no hubo respuestas verbales.

La batalla de fondo

La tecnología se desarrolla mucho más rápido que la cultura. Pero la cultura no puede desarrollarse sin poner en crisis el sistema que la contiene. Sobre este sencillo axioma comenzamos a construir otros caminos.

El primer paso fue empezar a desarrollar una web perfilada fuertemente como un utilitario, como una herramienta, con la que intentamos ayudar a las personas a relacionarse con el trueque. La idea surgió porque la actividad comenzó a recibir consultas vi­a mail de gente de todo el paí­s e incluso de vecinos uruguayos y bolivianos que se interesaban por las ferias y el funcionamiento, sobre todo una franja importante de profesionales y gente familiarizada con el uso de Internet.

En sus momentos de apogeo, las Redes del Trueque conformaban la red urbana más importante del país. Llegaron a agrupar cerca de 2 millones de personas. Si bien el segmento que se hallaba vinculado a Internet era muy pequeño respecto al total, significó una experiencia importante de uso de las TIC al servicio de la capacitación y el intercambio de saberes. Algunas de las listas de discusión produjeron cantidades importantes de material de reflexión relacionado con una actividad que tenía en dos aspectos contradictorios, acaso su más interesante atractivo: por un lado planteaba la vuelta al trueque (anterior al uso de la moneda) y, por el otro, la batalla contra las monedas globales fuertes, a través de la implementación de instrumentos de cambio originados en economí­as cerradas (tema que ya han abordado algunos gurúes del marketing internacional y que corresponde a la etapa post-globalización económica).

Otro dato interesante para rescatar es que la Red Global del Trueque, mantenía para su lista de discusión un moderador rentado, lo cual —a mi criterio— representaba un signo de evolución que todaví­a no hemos visto (dentro de la región) en segmentos que tienen mucho más desarrollo en su relación con las TIC.

Tras el tropiezo generalizado del trueque, intentamos motorizar el portal turí­stico local, sacándolo de la zona de piloto automático. Según nuestra visión, había sido concebido extrapolando los estándares existentes en la Red, como si en la zona existiera algún tipo de desarrollo previo, lo que en los hechos lo convertía en un mero depósito de avisos. Inevitablemente cuando salíamos al mercado a indagar por la experiencia en el ciberespacio, solamente recogí­amos referencias desilusionadas.

Otra vez la máquina del tiempo que desafina: Implantar la tecnologí­a por el sólo hecho de que se dispone de los fondos para adquirirla, sin atender a los enclaves culturales sobre los que necesariamente debe apoyarse para poder ser metabolizada por la comunidad, acaba obturando el propio desarrollo tecnológico.

Esa práctica ha dejado una secuela difí­cil de despejar en el imaginario colectivo: mucha gente pensaba —y lo cree actualmente— que las TIC podrían solucionarle problemas relacionados con contenidos. Algunos de ellos compraron el producto Internet a paquete cerrado, acaso porque lucía de avanzada y se sentaron a esperar que el sólo hecho de tener una cuenta de correo electrónico y una página con dominio propio, invertiría el vector de las alicaí­das ventas. ¿Pensamiento mágico? ¿Excesivo crédito en lo instrumental? Si la única herramienta que conoce es un martillo, tenderá a pensar que todos los problemas son clavos, dice el proverbio.

Todaví­a cuesta mucho trabajo sacarlos de la desilusión que esto ha producido y ayudarles a comprender que en realidad, como herramientas operativas que son, las TIC proponen un trabajo mucho más intensivo, porque permiten atacar diferentes problemáticas desagregadas unas de otras. En definitiva, de eso se trata el pensamiento tecnológico. Y lo que es más importante: no es posible plantarse frente a esta nueva realidad de la misma manera que antes: hace falta capacitarse, abrir la mente, reinventar el propio negocio a partir de las nuevas disponibilidades y reasignar recursos y prioridades… y casi nada de esto tiene que ver con las TIC.

Mix. TraslasierraMix

Nada de lo que intentamos hacer para cambiar el concepto semántico de aquel portal pudo sacarlo del status piloto automático. Finalmente, asociados con un empresario turí­stico local, decidimos encarar la construcción de un portal que debía tener algunos permisos respecto del paradigma oficial e intentar reflejar lo aprendido en la experiencia de campo con las TIC. Así­, en el mes de enero de 2002, comenzamos a trazar la estructura de lo que —entendí­amos— debía ser un producto destinado a ocupar el nicho vacante.

Aunque la experiencia de asociación no sobrevivió más allá del primer semestre, el dato importante para rescatar allí­ fue la idea del trabajo interdisciplinario. Habí­a un esfuerzo consciente en expresar la perspectiva de un empresario turí­stico y no solamente la de un comunicador o un desarrollador de webs.

De este enfoque concluimos que el portal debí­a tener un alto nivel de servicios orientados al desarrollo del mercado interno y no solamente al consumidor genérico de Internet. Eso nos ayudó a definir el nombre: Traslasierra para comunicar la ubicación y Mix para expresar la conjunción adentro-afuera del Valle de la orientación semántica, y por supuesto, tratándose de un emprendimiento turístico, el punto-com debí­a ceder el lugar al punto-com-punto-ar.

Para dinamizarlo, le colgamos un magazi­n digital, que en la teoría debí­a renovar sus contenidos una vez por mes, cosa que no estamos logrando hacer por ahora porque la tarea es demasiado grande. El objeto es trabajar sobre una base de datos avisando por correo electrónico cada vez que hay un cambio, de manera que no esperamos solamente en que nos encuentren cuando piensan vacacionar, sino en establecer una corriente de comunicación que les haga elegir el lugar por lo que tiene más allá del paisaje.

Desde el punto de vista del proyecto general y de la arquitectura, el portal está diseñado para que el usuario pueda desplazarse dentro de él con una gran economí­a de clics. El diseño de la información está puesto bajo la lupa y en muchos casos, cuando los textos son muy extensos, están presentados en dos o tres niveles de desarrollo, para no abrumar al visitante. Aquí­ tenemos en cuenta que nos dirigimos a visitantes que buscan pistas acerca de un lugar de vacaciones, a los que queremos interesarlos además, en los contenidos culturales de la zona. Tiene un mapa del sitio con los enlaces a cada sección de la revista y el portal, y un Centro de Ayuda separado —de fácil navegación— que permite comprender el funcionamiento y el concepto general de organización de los flujos de información.

Hay un canal especí­ficamente dedicado a ayudar a los usuarios (todos, pero especialmente los usuarios de Internet del Valle) a optimizar el aprovechamiento de las tecnologías que ya tienen instaladas, en donde se ofrecen tips, artículos de interés, ideas y recursos de comunicación.

El concepto para desarrollar páginas de terceros que habrán de alojarse en el portal podrí­a parangonarse con el de las oficinas que se ofrecen en alquiler con piso tecnológico: el usuario tiene que poner menos cosas para empezar a funcionar, lo cual facilita su decisión de ingresar a la cultura de Internet. Les llamamos weblogs asociadas en lugar de páginas. La caracterí­stica principal de este formato es su sencillez, ya que ofrece un detalle de la prestación y normalmente algo de contenido asociado al servicio que se promueve, una suerte de mix entre una nota periodística y un aviso animado. Otra caracterí­stica importante es que tienen salida directa al segmento del portal donde se listan todas las actividades que ofrece el Valle, los aspectos históricos, culturales y urbanos.

Este modelo de información genera —a mi criterio— dos ventajas importantes: la primera es que garantiza que todos los prestadores puedan ofrecer a sus audiencias un nivel de información parejo, lo cual se traduce en una mejora de los servicios que se ofrecen al visitante. La segunda es que evita esfuerzos superpuestos por parte de los prestadores cuando se trata de ofertas de servicios vinculados al mismo contexto.

Lo que estamos haciendo para mejorar la ecuación producción-calidad de información, es desarrollando weblogs para todas aquellas instituciones o prestadores que pueden darnos información valiosa para el turista, a cambio de que nos permitan el acceso a esa data. Un baqueano, un museo, un guía de montaña, normalmente atesoran una cantidad de información oral y fotográfica que puede contribuir a darle espesor al segmento que nos interesa desarrollar, pero están lejos de poder acometer un proyecto en Internet.

Finalmente, estamos utilizando elementos que nos sirvan para promover el uso de las TIC, como materiales de promoción asociados a contenidos culturales antropológicos, que nos interesa difundir como recursos turí­sticos. Un ejemplo de ello está actualmente en lí­nea: gran parte del material que publicamos en este número del e-magazine está dedicado a los Tejenderos del Valle. La promoción la hacemos ofreciendo de regalo un curso llamado la webAmistosa, que es una versión digital de un seminario presencial que armamos en la zona acerca de cómo manipular la información que se obtiene en Internet. Lo que hacemos es colocar el punto de descarga al lado del inicio de la nota. Esperamos que eso aliente a la gente a leerla, aunque sabemos aquello de que se puede llevar el caballo al rí­o, pero es decisión de él si toma o no toma agua.

Casi sobre los dos años de trabajo, es posible —sino sacar conclusiones— al menos realizar algunos señalamientos. El más importante acaso sea el que se relaciona con la existencia de un mercado incipiente para las TIC. Si bien es cierto que la devaluación de la moneda argentina nos ha ayudado en este sentido, la situación hoy es que además de nuestro portal, el Municipio de Mina Clavero ha construido su propia página; aquel portal inicial salió de piloto automático, finalmente se vendió a una agencia local y está en proceso de reformulación, y una asociación empresaria del sur del Valle ha encarado la construcción de otro portal acerca del cual nos han consultado ya en varias oportunidades.

Cuando empezamos, no tení­amos prácticamente nada en materia de Internet aplicada al tema turí­stico, que es el sector más dinámico de la economía regional. Todos los emprendimientos de la zona tenían dominios propios o estaban incluidos en portales gestionados desde Córdoba Capital o Buenos Aires. Esto empieza a cambiar.

Particularmente en Mina Clavero seguimos teniendo muchas deficiencias en el acceso a Internet. El nodo 0610 más cercano llega hasta la localidad de Nono, a 7 kilómetros de nuestro pueblo, por lo cual el actual proveedor tiene conexión por aire. Debido a la barrera orográfica de las Sierras Grandes, la única posibilidad es levantar la señal en Córdoba Capital con una antena parabólica y bajarla de este lado, de la misma manera.

Localmente, la distribución se hace a través de la línea telefónica. El servicio es excesivamente caro y funciona mal, entre otras cosas porque la infraestructura telefónica es antigua.

Los Centros Tecnológicos abiertos durante la gestión menemista están prácticamente colapsados por falta de presupuestos de mantenimiento y polí­ticas de desarrollo. Todos, excepto el de Villa Dolores donde se plantea una situación absolutamente distinta para la continuidad del desarrollo de las TIC en Traslasierra. Aunque suene paradojal, en medio de la crisis más profunda de la historia Argentina, en una zona que no es precisamente de las más ricas del país, la Cooperativa Eléctrica de Villa Dolores (CEMDO) posee un enclave tecnológico del que no tengo noticias que exista en otro lugar del interior del paí­s.

Mientras damos espacio para que se concreten algunos acuerdos y proyectos que estamos trabajando con ellos, prometo ocuparme de este tema en el futuro

© Daniel I. Krichman / Mina Clavero Noviembre 2002

 

 

 

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