El mercado y mi lenguaje

Hace unos dí­as, una conversación con una colega y ciertos dichos de Leandro Zanoni durante la presentación de su libro El Imperio Digital en Rosario, me hicieron repensar algunas cuestiones vinculadas con mi lenguaje setentista.

Cada uno desde su perspectiva, me movió a pensar que no soy muy preciso cuando hablo del sistema de mercado. Suelo referirme a él para identificar a un sector económico exasperantemente ávido por la generación de ganancias y su apropiación a cualquier precio, incluidos aquellos que provoquen directa o indirectamente la muerte de otros de su misma especie. Ya sea por causa del hambre, la guerra o la falta de medicamentos para contrarrestar enfermedades controlables. Hace algunos años con el tí­tulo de El Pozo Invertido publiqué un artí­culo que se extendí­a en estas consideraciones.

Paradigma trágico de esta cultura, ahí­ lo tienen a Mr. Bush: sospechado por la voladura de las Torres Gemelas, propiciador de la invasión a Irak con el declarado propósito de buscar armas de destrucción masiva pero con la certera intención de apropiarse del petróleo, sin reparar en el descalabro geopolí­tico que pudiera producir en la región, (cosa que —dicen los que saben— su padre no quiso hacer, casi 20 años antes, para evitar justamente la ruptura de ese equilibrio); ahí­ lo tienen (inimputable?), tratando de decir algo consistente respecto a esta fenomenal crisis financiera mundial que ayudó a desatar.

En estos días de vertiginosos intercambios digitales, y semblanzas de la catástrofe económica mundial que llenan todos los espacios informativos, han llamado mi atención dos relatos sobre lo que significa el Mercado Financiero, dentro del Sistema de Mercado. Y en medio de ellas un titular que decí­a: Con menos de la mitad del dinero (que le van a dar a los bancos) se podrí­a terminar con el hambre en el mundo.

Aquí­ van: la primera es una explicación sencilla que me llegó por mail. La segunda, una peli que ya tiene miles de visitas en YouTube.

Por supuesto no habrá justicia implacable para estos hacedores del infierno (para los otros)… y probablemente yo tendré que encontrar otra manera de referime a esta gente, a la que le gusta decir: Si hay un crack, no somos nosotros los que sufriremos, sino tu fondo de pensión…

Cómo funciona Wall Street. Ejemplo gráfico.

Una vez llegó al pueblo un señor, bien vestido, se instaló en el único hotel que habí­a, y puso un aviso en la única página del periódico local, estaba dispuesto a comprar cada mono que le trajesen, por $10.

Los campesinos, que sabí­an que el bosque estaba lleno de monos, salieron corriendo a cazar monos.
El hombre compró, como habí­a prometido en el aviso, los cientos de monos que le trajeron a $10, cada uno sin chistar.

Más adelante, como ya quedaban muy pocos monos en el bosque, y era difí­cil cazarlos, los campesinos perdieron interés, entonces el hombre ofreció $20 por cada mono, y los campesinos corrieron otra vez al bosque.

Nuevamente, fueron mermando los monos, y el hombre elevó la oferta a $25, y los campesinos volvieron al bosque, cazando los pocos monos que quedaban, hasta que fue casi imposible encontrar alguno.

Llegado a este punto, el hombre ofreció $50 por cada mono, pero, como tení­a negocios que atender en la ciudad, avisó que dejarí­a a cargo de su ayudante el negocio de la compra de monos.

Una vez que viajó el hombre a la ciudad, su ayudante se dirigió a los campesinos diciéndoles:
— Fíjense en esta jaula llena de miles de monos que mi jefe compró para su colección, ni recuerda que los tiene. Yo les ofrezco venderles a ustedes los monos por $35 y cuando mi jefe regrese de la ciudad, se los venden por $50 cada uno.

Los campesinos juntaron todos sus ahorros y compraron los miles de monos que habí­a en la gran jaula, y esperaron el regreso del “jefe”…

Desde ese dí­a, no volvieron a ver ni al ayudante ni al jefe. Lo único que vieron fue la jaula llena de monos que compraron con sus ahorros de toda la vida.

Ahora tienen ustedes una noción bien clara de cómo funciona el Mercado de Valores, la Bolsa y Wall Street.