La una de tres

para María Silvia. Ella es.

 

Hay este aire en el aire. Capas finas de terciopelo. Espesuras de febrero tórrido que no me quiere amigo del sueño. Que me desacomoda, que transpira. Que me tiñe la almohada del lado izquierdo cuando no duermo. Me deshilacha la compostura y hace de mí un idiota cuando quiero estar en otro lado. Que me sorprende en la comisura que ríe, porque cierro los míos y esos ojos, los de esta una María, se le desbordan de la mirada que sueño.

Si pudiera yo estirar mi mano hasta tocarle las tetas al amor, serían esas y no otras. Si imaginara unos brazos que lo envuelven todo y un cuerpo desnudo que se arremolina trémulo dentro de un abrazo, sería ese cuerpo. Esa piel. Esos abrazos y esos dedos.

Si pudiera yo subir hasta la galaxia y —desbarrancado de besos y salivas— perderme en aquel cielo a lunares de la espalda, podría saber dónde y por qué las Tres Marías avisan que sólo es una de ellas la dueña del cielo.

 

febrero/2018 © Daniel Krichman