Orden en la biblioteca

Ha muerto. Desde hace algunos días ando hurgando mi biblioteca pantanosa de recuerdos. Todo ahí pulsa sordo, lejano, doloroso. Y me cuesta comprender lo que hago. Pero sigo el mandato con irremediable obediencia.

Aquella conferencia de Olegario V. Andrade que mostraba una espiral de revoluciones en el mundo; un Sartre con las Psicoterapias de Grupos; José Ingenieros, Psicología de la Viveza Criolla de Julio Mafud.

De algunos tengo el recuerdo vívido de haberlos leído durante la adolescencia. De otros sólo sé que nos acompañamos desde hace mucho tiempo. De ninguno puedo recordar cómo fue que nos encontramos. Muchos de estos libros estaban en su biblioteca.

Finalmente, hoy ha muerto. Se fue. La vida de Madame Curie, que compré mucho tiempo después en una feria de usados, fue el primer libro grande que me dio para que leyera.

Cuántos libros arrastrados como rocas gigantescas por mudanzas y exilios. Cuántos papeles y recortes había que remover, para encontrar jirones del amor interrumpido tempranamente. El viaje por la biblioteca es eso. Un encuentro con lo que no está y también con lo que sí pasó y estuvo perdido.

Mi biblioteca es como fue la de él. Está hecha de libros que no alcanzarán a ubicarse antes de ser devorados y otros que deberán esperar a que les llegue el momento. Pero si se la mira de afuera, todos son libros. No se les ven las urgencias.

Siempre me pensé como un hijo difícil, demandante. En estos días, de papeles amarillentos, páginas de libros remendados y textos llenos de promesas, entendí otras cosas. Tuvimos un incidente y él no pudo sostenerse. Algo dentro suyo se rompió y lo sacó para siempre de la lucidez. No eligió eso. Él no pudo con aquella fragilidad ni yo con el enojo que me llevó casi treinta años desmontar.

Pero finalmente se fue. Mi padre murió, y yo puedo empezar a saber que también moriré, porque eso es parte del trabajo que hacemos en la vida.

Empezó a morirse hace una semana, cuando conocí la fecha en la que eso ocurrió. Cuando entre papeles y documentos que llegaron inadvertidamente a mi biblioteca, apareció una copia de su partida de defunción, tres días antes de que se cumplieran veintiocho años de su muerte.


diciembre/2018 © Daniel Krichman