Pasa esos días

Pasa esos días en los que voy de aquí para allá, como un tren que anda y desanda la misma vía. Cuando eso ocurre, y sin soltar una queja siquiera, el cuerpo se me declara cansado. Y no sólo él, también el recuerdo se me nubla de traqueteos y maniobras.

A veces María lo amanece. Detrás de las nubes, asoma en una palabra muda, un perfume que falta o un sonido lejano y es la señal exacta para que el cambio de vías ocurra. Entonces la veo. Y otra vez me hace gracia su risa y caigo en la cuenta de que apenas ayer estuve con ella. Vuelvo a mis cosas y a mis ruidos y sonrío y lo cansado del recuerdo se escabulle como un gato negro entre el olvido.

Todavía no comprendo muy bien cómo es que ella lo hace. Cómo se las ingenia para estar conmigo todo el tiempo, en los mismos lugares, en las cosas que hago, sosteniendo la alegría de estar juntos, metidos en un abrazo.

Y entonces me doy cuenta de que la estoy queriendo de un modo que no consigo decir, que no sé como hacerlo. Y me da por escribir, pensando que puedo aprender algo sobre eso.

 

febrero/2018 © Daniel Krichman