¿Qué le vio?

¿Qué le vio el amor al ñato este, para enroscarse como un abrojo? ¿Qué hizo? ¿Qué tenía? ¿Fue que lo vio trepándose a los árboles, escalando cualquier tormenta, subiéndose a lo alto de lo alto, tratando de ver más lejos? ¿Qué fue? ¿La sonrisa, el arrojo, la insistencia? La respiración entrecortada, tal vez. O la esperanza, que ya estaba labrada cuando cruzó el Jordán.

Y a ella ¿qué? ¿Acaso porque se cansó de verla tirar piedras en el agua y esperar que respondiera? ¿Fue por eso?¿Qué le vio el amor que quiso ir hasta donde estaba y susurrarle que sí, que esta vez sí? ¿Qué le vio, que nosotros no pudimos? ¿La mirada franca? ¿La travesura irremediable y llena de niña? ¿El asombro bordado en los ojos? La ternura de siempre que se le encendía. Que apretaba la mano y al final se abría.

¿Qué les vio el amor a los tipos estos? ¿Que leían las mismas cosas?¿Que soñaban sueños parecidos en lugares distintos? Que se subían a los andamios creyendo que podrían pedirle a Dios sus binoculares. Y sin embargo nunca antes se habían imaginado ciertos.

Qué les vio ¿quién? para ponerlos de esa manera en el mismo sendero, con ese modo casual que tienen los encuentros amables y hacer que todo estallara en semejante abrazo.

 

febrero/2018 © Daniel Krichman