Fuegos artificiales

¿Cuándo nunca fue tan útil decir la verdad? ¿Cuándo la verdad fue tan necesaria e intervino tan directamente?

Cerca de 1920, Bertoldt Brecht se lo preguntaba, hablándole a los escritores. Hoy sabemos algo más acerca de las indiscutibles ventajas de decir la verdad cuando se habla. ¿Sabemos? A propósito de las declaraciones del Ministro Barañao, primer ocupante del sillón principal de la cartera recientemente creada, y de la profusión de polémicas que éstas dispararon en la comunidad científica, parecerí­a que lo que sabemos muchísimo más es acerca del arte de hacer pipí­ fuera del tarrito.

Me pregunto cuál de las cosas le hará peor a un proyecto de Ciencia con Soberaní­a, si las desafortunadas declaraciones del personaje o la reacción de los cientistas aludidos, discutiendo sobre la pertinencia de la comparación de las ciencias blandas con la teología.

Desde la perspectiva de mis intereses como educador, siempre me preocupa lo contextual. Mirando hacia adentro del aula o del laboratorio (o de los blogs) no es mucho lo que puede hacerse para participar en la construcción de un destino común como sociedad. Pensando el afuera, hay más tela para cortar y cuestiones mucho menos trajinadas para explorar.

De todo lo que leí­ en los medios de gran circulación y en la blogósfera, casi todo son fuegos artificiales. Solamente Norma Giarraca, me pareció que hací­a el disparo al meollo nombrando a las cosas por su nombre: Los peligros que acechan al sistema cientí­fico hoy, a diferencia de los ’70, residen en esta articulación manifiesta entre ciencia (o tecnociencia) y mercado (negocios).

Una vez más, hay otra versión desde afuera de estas tribunas: ¿Casualidad o mera coincidencia? Jorge Rulli se mete en la polémica hablando del rol de los intelectuales en nuestro tiempo y el proyecto de paí­s. Directo al corazón.

El rol de los pensadores sociales deberí­a ser el de poner en cuestión el discurso de una ciencia atada abiertamente a objetivos industriales y empresariales, tanto de técnicas de producción en masa, como de violentación sistemática de la Naturaleza, a la vez que de brutal desconocimiento de los riesgos que ello entraña para la humanidad, tal vez porque son incapaces de pensar más allá de la burbuja de su laboratorio. Si existe un caso emblemático de esta ciencia ajena a las necesidades de lo humano, podemos referir la penosa anécdota de los físicos nucleares japoneses felicitando por sus éxitos a colegas estadounidenses, que en alguno de sus libros menciona Sábato. En este caso, no es demasiado diferente, ya que es el Imperio el que a todo riesgo para nosotros, nos impone el rol de paí­s laboratorio de organismos genéticamente modificados. En el contexto argentino de un paí­s agobiado por un discurso que glorifica el producto bruto y el crecimiento insustentable, y que condena a los argentinos a sufrir proyectos mineros, de monocultivos y de agrocombustiles, lo que vemos es que las ciencias sociales en desventaja, optan a través de la pluma brillante de nuestro amigo Horacio Gonzáles, por tratar de ponerse al servicio del poder, rindiendo sus banderas si las tenían y ofreciendo sus artes de birlibirloque para ser aceptadas en el nuevo reino de la tecnociencia empresarial en el Poder.

Descargar la nota completa

Fuente de la imagen: FlickrCC etiqueta: laboratorio.

 

 

 

2 comentarios sobre “Fuegos artificiales

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *