La vida sin ceremonias

dedicado a Humberto Costantini

…¿Quién inventó la cana, poeta?… ¿El Deán Funes fue?… ¿Esteban de Luca?… ¿o Monteagudo?… ¿Ché pibe, abrime que quiero ir a mear!!… Dale, que me porto bien, ché… P’ta que te reparió, ni que fuera sordo… ¿Quién los inventó a estos, poeta?… Decime, que vios debés saber… Tiene que haber sido uno que cortaba el bacalao grande, no me digas… Ja… Tenés cara de buen tipo, vos… ¿Qué hiciste?… Dale ché… ¿No hablás vos?… Te chivaste… No querés hablar con un mamado… ¿Es eso, no?…

Se llamaba Joaquín Pasos, como el poeta de Nicaragua. Pero no se le parecía. No tenía títulos ni tenía nada. Sólo la obsesión de sobrevivir.

Antes —en otra época — supo oficiar de laburante indiscriminado. Siempre encontró un rebusque y la manera de desatar la indulgencia de algun jefe de oficina… Era un habilidoso el materia. Había sido bancario, despachante, vendedor de libros, corredor de seguros de sepelio, charlatán de feria. Bueno para el toqueteo y los discursos improvisados.

 

julio/1988 © Daniel Krichman
Este cuento fue premiado en el concurso 30 años de Eudeba y publicado en el libro Cuentistas premiados, 16 cuentos de 16 autores. Eudeba, Buenos Aires 1989.