Mansa calma y adiós

Subió una foto del rí­o que —seguramente— le remontaba la memoria hasta algún tiempo compartido con el viejo. Exactamente esta foto eligió. Donde el río parece interminable y manso. La subió al Facebook y etiquetó a su padre ausente.

Por eso la vi.

Fue la ceremonia de encuentro el día que cumplió 20 años, con su padre muerto hací­a unos meses y frente al Rí­o de la Plata.

Le escribió tangamente: Dicen que veinte años no es nada, pero para mí­ fuiste todo lo que soy. Y abrió la puerta para que, quienes quisimos a su viejo pudiéramos asomarnos a su mundo en duelo. Volver a pasar por el espacio del perfil de usuario, que uno (absurdamente) imagina quieto, y encontrarse con las voces y las palabras de quienes también lo querí­an y pasan a verlo en un espacio de Facebook.

Todo se ve más en esta virtualidad tecnológica que vamos construyendo como especie. Está más desplegado. Tanto que nos está acostumbrando a sentirnos cerca de los perfiles y avatares, como de las personas mismas… Y cuando nos sorprendemos por eso, también descubrimos que podemos asomarnos a la ceremonia del adiós que los otros le ofrecen cuando se van. Y volver a llorar por la partida.

 

 

 

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