Tecnofobia docente

Veselka Medich ha publicado en su blog Isomorfa, un texto donde explica la tecnofobia docente de una manera curiosa: es necesario entender la tecnofobia docente como un reducto de resistencia dice allí­. Luego de algunos intercambios que no alcanzan para llamar a esto una polémica, publico a continuación el comentario que dejé en el blog de la docente.

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Indudablemente estamos ante un problema complejo y como tal deberí­amos cuidar de abordarlo desde una mirada multidimensional. No se trata aquí­ de listar las problemáticas y nada más, sino de pensarlas en un orden subordinante que nos permita entrever hacia dónde vamos o qué deberíamos hacer con la tensión entre docentes y TICs.

En mi opinión la perspectiva ideológica es la que primero deberíamos valorar, en tanto lo propio de los docentes es formar ciudadanos. Este también es el discurso de la nueva Ley de Educación, aunque no es esperable que el dispositivo educativo en su conjunto asuma esa tarea tal como está galponizado y formando parte de un Estado desfondado, usando expresiones de Ignacio Lewkowicz (a quien cita la autora en su ponencia).

Desde esa perspectiva, la misión de cualquier proyecto educativo, más allá de cómo se lo formule, debe referenciarse a un marco de soberanía. Dicho de otra manera, a la pregunta de ¿qué espero de la educación?, respondo: que ayude a formar ciudadanos con pensamiento crí­tico, y que ese pensamiento esté anclado en principios de soberaní­a.

Desde este encuadre me importa pensar la relación docentes-tecnología. No se trata de si tenemos o no derecho a mejores condiciones de trabajo, mejores salarios y más reconocimiento social. Eso está fuera de discusión. Lo que me parece peligroso es subordinar la resolución de estas cuestiones a nuestra capacitación. Esta posición me resuena más a una excusa destinada a ocultar la mala praxis que una objeción con algún tipo de sustento en el sentido común.

Particularmente, a poco que se revise esta arena, es posible encontrar diferentes actores jugando fuerte según sean sus intereses: Ingenieros y desarrolladores devenidos educadores, que creen que todo puede resolverse en la mesa de proyecto; tecnócratas que pontifican que la saturación tecnológica es la manera de inducir la apropiación de las tecnologí­as, en lo que configura algo así­ como una versión moderna de aquel postulado que afirmaba: la letra, con sangre entra. Opinadores de toda laya que no tienen empacho en usar los medios a su alcance para sobrevalorar o denostar cualquier proyecto, según sus conveniencias. Lobistas desenfrenados que buscan jugosos negocios; gigantes multinacionales de la informática con capacidad para imponer condiciones a los estados débiles y dirigentes esperando obtener réditos de algún tipo en estos recién descubiertos mercados.

¿A cuál de estos actores se le arruinan sus propósitos porque los docentes renunciemos a incluir las TICs en la escuela? ¿A quién le sirve este estado de cosas? ¿A quien le conviene que nada cambie? Si pensamos a los docentes como un cuerpo imaginario ¿quién se beneficia de esta autoflagelación que significa dar la espalda a la tecnologí­a para castigar al Estado que hace oí­dos sordos a los reclamos gremiales?

Los pibes pagan todas y cada una de las consecuencias de este siniestro modo de pensar. Son el eslabón más débil por donde —una vez más— se rompe la cadena de disputas. Esa es la verdadera brecha que tiñe el futuro de la educación y el desarrollo social del paí­s: La distancia entre los actores con alguna capacidad de operación en el mercado que se abre y los sujetos pasivos. Desangelados.

Ya resulta imposible tapar el sol con el arnero de la resistencia a la flexibilización laboral y desconocer que la tecnologí­a ha ido impregnando nuestra vida y en particular las TICs lo han hecho en las ciencias, en las comunicaciones, en la educación y en la cultura. ¿Qué les explicaremos a los pibes, que también participan de este mundo y tienen su vida impregnada por las computadoras, los celulares, el MSN, el mail, los blogs, las cámaras, los fotologs, los MP3, los juegos de rol y todo lo que ven y pueden hacer en un ciber? ¿Que el mejor plan que tenemos es hacer como los ludditas y sabotear cualquier intento de implementar orgánicamente el ingreso de las TICs a la escuela? ¿Que lo vamos a hacer en nombre de la defensa de la calidad educativa?…

Quizás, más que intentar mirarnos en el espejo de los ludditas, sería mejor pensar el modelo de la Asamblea de Gualeguaychú y ver si de allí­ podemos aprender algo acerca de cómo abordar problemas complejos donde el capital privado presiona, el estado desfondado solamente aparece como figura decorativa y nosotros, la gente, quedamos expuestos y con el problema a cuestas.

Fuente de la imagen: Through a child eye / etiqueta: eyes

 

 

 

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