De la Pampa de Pocho al ciberespacio

La historia del Centro de Informática y Creatividad Educativa en Traslasierra (1º parte). Publicada originalmente en el número de julio/2006 de AAT Revista de la Asociación Argentina de Teletrabajo.

 

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Quizás podrí­a pensarse que todo comenzó gracias a Cristian. El primer movimiento lo hizo él. Hoy tiene 12 años y es uno de los Tutores del Proyecto CICE en el 1ºB del IPEM 344 de Villa Cura Brochero. Sus profesores de 2º año están sorprendidos por el cambio.

Cris vive en la Pampa de Pocho, una zona rural cercana a Villa Cura Brochero, en el oeste cordobés: el interior profundo de la Argentina. Durante la semana se queda con su hermano mayor en una pensión cercana a la escuela y la mayorí­a de las veces, los fines de semana se vuelve al campo para ayudar en la casa. Hay mucho que hacer allí­: atender a los conejos, ayudar con el gallinero o con los hermanos más pequeños. Aunque a él le gustaría quedarse en el pueblo, se debate muchas veces entre lo que siente que es una responsabilidad familiar y la enorme avidez que tiene por explorar en la computadora y en Internet.

El escenario

En mayo del 2005 me llamaron para hacer una suplencia larga, me dijeron, en la única escuela oficial de enseñanza media de Villa Cura Brochero. La titular de la materia había pedido licencia para aceptar un cargo de mayor jerarquí­a y el curso de Cristian tenía muy mala reputación.

Alguna vez conté, en la desaparecida revista barcelonesa en.red.ando, acerca de mis desventuras al intentar implementar actividades relacionadas con la educación y el aprendizaje mediados por TICs, en la región de Traslasierra. Para cuando me llamaron a cubrir la suplencia de profesor de Educación Tecnológica, el mapa de TICs en la zona tenía claramente otro dibujo y volví­ a la carga:

Desde principios del año 2002, la región de Traslasierra ha experimentado un importante cambio en la infraestructura tecnológica de comunicación. Diferentes factores socioeconómicos han concurrido para que ello sucediera, generando una demanda en la que se ven involucradas muchas personas —especialmente estudiantes— para quienes las TICs, de otro modo hubiesen sido un objetivo inalcanzable.

Como parte del programa de Alfabetización Digital iniciado por el Ministerio de Educación Ciencia y Tecnología de la Nación, algunas escuelas de la zona han sido equipadas con computadoras de última generación.

Sin embargo la brecha entre la cultura de uso de las TICs y la realidad de la educación local es tan pronunciada que vuelve prácticamente invisible toda tecnología instalada. Frente a este fenómeno, un grupo de docentes de la zona estamos tratando de impulsar actividades tendientes a contrarrestar esta situación. (Buscamos Docentes con Motor)

El edificio del IPEM 344 de Brochero había sido estrenado ese año. El colegio estrenaba también su independencia institucional, ya que había dejado de ser el —285 anexo— y acaso, por eso mismo, fue elegido para ser uno de los establecimientos de la zona a equipar en el marco del plan nacional de alfabetización digital.

Diecisiete máquinas de última generación en una sala especialmente preparada… vacía de niños. Solamente podí­an utilizarla algunos alumnos a partir del tercer año. Para primero y segundo, el laboratorio de informática estaba vedado, pero nadie, en la escuela, podía explicar por qué.

Entre 2002 y 2003, participé en un proyecto de la Organización Links A. C. que produjo un documento llamado Plan Organizacional y Estratégico para la Sociedad de la Información en Argentina (POESIA), el cual oportunamente fue presentado ante las autoridades y el mundo académico de competencia. Allí­ se hací­an recomendaciones orientativas para la implementación de TICs en 4 áreas de interés: e-Gobierno, e-Economí­a, e-Educación y e-Salud.

Con esas conclusiones en la mano y unas horas como profe de Educación Tecnológica en una escuela equipada por el programa nacional de alfabetización digital, pusimos manos a la obra. Armamos un proyecto y lo presentamos en la escuela. Nadie nos escuchó. O mejor dicho: Nadie atinó a respondernos. Excepto los niños, los interesados directos.

El proyecto

El proyecto CICE se plantea armar articulaciones posibles entre la realidad de la educación en la zona y la infraestructura tecnológica disponible. No se propone enseñar computación, sino hacer informática en la educación. No espera dar respuestas al mercado sino preguntarle a las TICs cómo podrían ayudar a mejorar la calidad educativa local. Necesita que los docentes juguemos un rol activo en la generación de contenidos, en la transcripción de actividades a los códigos digitales, al pensamiento tecnológico.

Además del proyecto en si mismo, escribimos una propuesta pedagógica sobre la matriz de la propuesta de software libre de Gleducar, tomando algunos conceptos de otros profesionales que trabajan en una dirección parecida e incluyendo nuestras propias preocupaciones y expectativas.

Cuando tuvimos armada la página web nos fuimos a ver a Alejandro Piscitelli (en uno de sus viajes a Córdoba) para pedirle el auspicio de Educ.ar y que nos diera un poco de orientación acerca de cómo trabajar con el tema del financiamiento, cosa que accedió de muy buen talante.

El proyecto CICE incluí­a un formato de taller llamado Los Chicos de la Cuadra, que en principio iba a desarrollarse con niños cuyo único requisito era que compartieran el vecindario y las ganas de aprender a hacer algo con las TICs.

Como la escuela ofrecí­a muchas barreras para que nos dejaran utilizar el laboratorio, acabé trayéndome algunos niños de la escuela a casa, para incluirlos en el taller Los Chicos de la Cuadra. Por supuesto la disponibilidad de espacio era mucho menor, razón por la cual debimos aumentar el nivel de compromiso: No se podí­a faltar más de una sóla vez al mes.

Cristian fue uno de los niños que llegaron de la escuela al taller. Una de las primeras cosas que hicimos fue abrirle una cuenta de correo electrónico en el portal Educ.ar y empezar a mostrarle que podrí­a ser para él de mucha utilidad si aprendí­a a pensar en la posibilidad de encontrarse en ese espacio con otro niño a quien no necesariamente debí­a conocer con anterioridad.

Para respaldar esta idea le escribí­ a todos mis amigos y les pedí­ que dedicaran un minuto para ingresar en la página y a escribirles un mensaje a los chicos.

Cristian se apropió de tal forma de la idea de tener su correo electrónico que empezó a ir al ciber a buscar información sobre los temas que dábamos en clase y a mandármelos por mail. Algo grande empezó a moverse dentro de él. Un dí­a, en el colegio, mientras tratábamos de arreglar el horario para una reunión, con toda la soltura que tenía, me contestó: Arreglen lo que quieran, después me avisan por mail…

En ese punto, creo, Cristian hizo que la puerta del IPEM 344 comenzara a abrirse para el proyecto CICE: Una profesora, con quien ya habí­amos estado conversando sobre la factibilidad del proyecto, lo escuchó y sonrió sorprendida, según me dijo después. También me contó que vení­a viendo cambios importantes en Cris y que sabí­a que estaban relacionados con el taller que hací­a ya casi un año hací­amos en casa.

El ciclo lectivo 2006 comenzó con novedades: Una nueva directora, con otra mirada sobre la educación, con otro compromiso y aquella profesora que habí­a escuchado a Cristian, como responsable pedagógica de la etapa que se abrí­a. Frente a las nuevas condiciones, el proyecto CICE ya podía mostrar algún resultado.

Todos los profes de la escuela conocen a Cristian, los preceptores, el personal administrativo y muchos de sus compañeros de escuela: se ha vuelto un niño con algo de popularidad. Está aprendiendo a involucrarse fuertemente con el proyecto y con los principios que se proponen a través de él: Trabajar en equipo, ayudar a otro a empezar, no renunciar ante la primera dificultad, dedicar tiempo extra a lo que es valioso… Sin embargo, nada de esto lo han hecho las TICs. Ellas solamente han cumplido un rol instrumental en esta pequeña historia. Permitieron a un niño de once años, sentirse reconocido en su trabajo y en su esfuerzo. Y ese, seguramente, ha sido un estí­mulo importante para el aprendizaje.

© Junio 2006. Daniel I. Krichman

 

 

 

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