Una centésima de segundo

El resultadismo parece haber invadido todo. Lo importante es cuánto, nunca cómo o a qué precio. Cuanto mayor es el resultado, mayor debe ser el éxito que se infiera. En ese camino poco importan los modos o la performance, porque todo está justificado bajo el paraguas de la maquiavélica subordinación del fin a los medios. Hasta que un dí­a aparece un lí­mite. Y ya no se puede seguir festejando el éxito. Este corto habla grotescamente de eso. No solamente de la fama.

2 comentarios sobre “Una centésima de segundo

  1. Me gustó el apunte!. Cuánto de este mecanismo de simulación satura los medios de comunicación hoy en dí­a, no? Gracias por responder al convite!!. Abrazo

  2. Mmhh… El corto está muy bien narrado. La primera vez que lo vi hace unos meses ya, en el contexto de un foro de mis compañerxs de fotoperiodismo, me llamó la atención enseguida el comienzo con el maquillaje de la mujer, el acento puesto allí­ en la mirada que se embellece. Que sea una mujer y que se detenga la narración en todos los rituales del arreglo femenino no es una cuestión menor en el efecto que produce el corto, que por cierto me parece mucho más interesante de pensar en función del resultadismo en general, que para el fotoperiodismo en particular. Quiero decir, una cosa es decidir qué foto hacés o si hacés una foto o pegás un grito para salvar a una niña; y otra es ¿para qué hiciste la foto?: para denunciar algo que solo no creés poder evitar, o si para ganar un premio, o si, incluso, creés que la forma de multiplicar esa imagen y su denuncia es presentándola a concurso (hay argumentos de toda clase, el momento de la duda es un momento auténtico, incluso o justo por la desproporción y diferencia de contenido entre las fuerzas de los que participan: el nombre disparo cobra sentido fuerte). Eso sí­, cuando llegaste a la premiación… que la mina se ponga a llorar y montar la escena de la culpa… resulta poco verosí­mil, o ¿crápula? Toda la escena final con los que se lavan las manos premiando es escalofriante.

    Gracias por seguir cuidadosamente invitándonos a pensar, Daniel.
    Un abrazo

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